miércoles, 21 de agosto de 2013

Párate, respira, y contempla el paisaje

¿Sabes? La verdad es que ahora mismo no tengo muchas ganas de pensar.Pero no puedo evitar que mi mente baile sola entre los recuerdos. Si me remonto demasiado atrás veo tantas cosas de mi infancia que ahora no están y que echo de menos... así que mejor me quedo en estos últimos dos años, aunque la verdad es que tampoco es muy esperanzador. ¿ Por qué siempre tendemos a quedarnos con la parte mala de las cosas? ¿Por qué nunca nos acordamos de los momentos bonitos? Creo haber llegado a la conclusión de que es porque los recuerdos bonitos duelen más incluso que los malos.
Primero el recuerdo pasa por tu mente a modo de película. Después te lo vuelves a imaginar centrándote en lo que sentiste, aunque lo haces más intenso y duradero.Y tras dejar atrás la parte bonita de recordar, llega ese doloroso deseo de que vuelva. Y sabes que no volverá, que nunca habrá nada igual.
Pero aún así no hay nada mejor que revivir momentos bonitos, volver a sentir un abrazo o sentir ese brillo especial en su mirada, porque con ellos te acuerdas de que en ese momento eras feliz aunque instantes antes no lo fueras. Y eso te hace darte cuenta de que el tiempo corre deprisa y las cosas cambian rápido. Que puede que ahora mismo estés algo decaído por algún motivo, pero en unos instantes una broma te saque una sonrisa.
Todo el mundo aspira a alcanzar la felicidad. Pero yo siempre he dicho que la felicidad no es una meta, sino parte del camino. Un conjunto de recuerdos alegres, que te hagan sentir bien, que desees volver a vivir una y otra vez como si solo existiera ese instante. Y digo parte del camino porque, tal y como dijo una canción que me encanta, "Only know you've been high when you're feeling low" (let her go, the passenger).
A toda esa gente que piensa que la felicidad es una meta: Ahora puede que pienses que la felicidad esta en un punto de tu vida, cuando llegues a ser algo o consigas tal coche; pero cuando lo tengas, vas a fijar otro punto. El ser humano es así, necesita marcarse metas para seguir adelante. Y si siempre estás pendiente de conseguirlas, si siempre te empeñas en correr el más rapido por la vida y mirando el suelo para no caer; llegará un momento en el que habrás llegado más lejos que los demás, pero ¿de qué valdrá si no has contemplado el paisaje?

sábado, 17 de agosto de 2013

Experiencias que nunca se vuelven a vivir...

El coche se para, la puerta del conductor se abre y yo me decido a hacer lo mismo mientras escucho como mis dos compañeras me imitan. Tras bajar, observo las tumbas y la pequeña ermita que hay a la derecha del unico edificio con pinta no religiosa que habia frente a mis ojos. Cierro la puerta y pienso: que lugar más extraño para poner un colegio. En ese momento un señor con pinta simpatica , una amigable sonrisa y un polo amarillo sale a recibirnos. Nuestro "padre adoptivo temporal"  sonrie aliviado , se despide de nosotras alegremente y vuelve a subir al coche. Miramos espectantes al simpatico señor del polo amarillo que nos indica el camino sin dejar de sonreir. Pensé que tendría unos 30 y tantos años, era alto y moreno, con los ojos grandes y marrones. Se acercó a una puerta blanca y tras marcar un codigo giró el pequeño picaporte gris y abrió la puerta; eramos las primeras en llegar.
Intimidadas, pasamos al pasillo acogedor y continuamos hasta la clase del fondo tal y como nos indicaba el muchacho. La clase era amplia, con una pizarra blanca y unas mesas de madera dispuestas en forma de u; el suelo recubierto de moqueta gris (como casi todos los interiores de ese lugar) hacia a las sillas azules resaltar un poco en la estancia de paredes azul claro. En la pared contigua a la de la puerta había un gran panel de madera con ventanas traslucidas tras los que adiviné se encontraba otra clase. La pared opuesta a la puerta se encontraba recubierta de ventanas que, por la clara luz blanca que las atravesaban, se asumia daba al exterior.
La luz de aquel lugar no era como la calida luz amarilla de mi ciudad. La luz de este lugar era blanca, apagada, casi lugubre en algunos momentos. Todo por culpa de las nubes que nunca dejaban al sol mostrarse al completo a la vieja catedral de alta torre.
Poco despues que nosotras llegaron las dos monitoras que nos preguntaron con gran ilusion como nos habia ido nuestra primera noche allí. Empezamos a hablar todas emocionadas mientras poco a poco se nos fueron uniendo el resto de compañeros del viaje y sus anecdotas de las primeras horas en una cultura extrangera. Todo allí era muy diferente y en parte tenía miedo. Pero en el momento en que volvio a entrar el muchacho del polo amarillo y nos sonrio supe que amaría ese lugar como nunca antes habia amado otro, viviria experiencias unicas, conoceria a personas extrañas y excepcionales y aprenderia más de lo que imaginaba. Se presento como Aron, nos presentamos nosotros y, tras los típicos consejos iniciales, dimos por comenzada la semana, una semana que nunca olvidariamos. La mejor semana que jamas había vivido. SALISBURY2012